En un contexto en el que las buenas noticias no imperan la cotidianeidad Argentina, la ratificación del Acuerdo de Escazú escapa de esa tendencia. A través de un consenso en el que –casi– no hubo grietas, la Cámara de Diputados de la Nación convirtió en ley un instrumento jurídico innovador que viene a hacer historia; a cambiar realidades; a ampliar derechos y a proponer un nuevo vínculo entre la vida humana y la Tierra inspirado en la dignidad, la prosperidad y la sostenibilidad.

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