En esta nueva legislación; que en el momento en que se elabora este artículo  aún se conserva como iniciativa, titulada como la Ley General de Responsabilidad Empresarial y Debida Diligencia Corporativa, dado que uno de sus bienes jurídicos tutelados a proteger es el derecho humano, su cobertura legal se hace inmensamente amplia; ya que los derechos humanos, según lo dispone el artículo primero de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, no solamente son los contenidos en la propia Constitución Federal y en las constituciones de cada uno de los estados, incluidos los bandos municipales en donde también se reconocen diversos derechos humanos que están alineados a la Constitución Federal; sino también hay que aplicar los derechos humanos reconocidos en el ámbito internacional, todos aquellos que como dice el primer párrafo del artículo primero de la constitución federal: en los Estados Unidos Mexicanos todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos en la misma Constitución y en los trataos internacionales de los que el Estado mexicano sea parte.

En un contexto en el que las buenas noticias no imperan la cotidianeidad Argentina, la ratificación del Acuerdo de Escazú escapa de esa tendencia. A través de un consenso en el que –casi– no hubo grietas, la Cámara de Diputados de la Nación convirtió en ley un instrumento jurídico innovador que viene a hacer historia; a cambiar realidades; a ampliar derechos y a proponer un nuevo vínculo entre la vida humana y la Tierra inspirado en la dignidad, la prosperidad y la sostenibilidad.

A partir del paradigmático caso de la niña de 12 años víctima de violación en la provincia de Jujuy que tomó estado público y mediático en todo el país a inicios del año 2019 y recientemente otro similar en la provincia de Tucumán, se reavivó la controversia sobre la Interrupción Legal del Embarazo (ILE) y los límites de su implementación y, sobre todo, se dejó a la vista los obstáculos que se siguen presentando para el ejercicio de este derecho

Dice Kate Millet en “Política Sexual” que el coito no se realiza en el vacío; aunque parece constituir en sí una actividad biológica y física, se halla tan firmemente arraigado en la amplia esfera de las relaciones humanas que se convierte en un microcosmo representativo de las actitudes y valores aprobados por la cultura.

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