Historia de un traspaso

Días atrás la Presidente saliente proclamaba que no hay norma que establezca que el traspaso de mando debía hacerse en el Congreso de la Nación, acto seguido de prestar juramento ante la asamblea el Sr. Presidente electo.

Esta afirmación parece haber sido tomada como un hecho indiscutible por los medios de comunicación y gran parte de la comunidad jurídica.
Sin embargo, resultaba extraño que un acto de tal trascendencia institucional estuviera librado a prácticas más o menos consuetudinarias y careciera de una regulación específica.
Conocía la existencia del decreto 2072/93 que establece el orden de precedencia, pero nada se dice en él sobre esta cuestión. Esta ausencia debía deberse a que tal procedimiento estaba regulado anteriormente ya que tan emblemático acontecimiento no podía estar librado al azar o a la buena o mala predisposición de algún funcionario del Poder Ejecutivo.
Estas inferencias me llevaron a indagar en el órgano que supuestamente y por sus funciones debería tener esta incumbencia.
Así fui a dar con el “Reglamento de Ceremonial de la Presidencia de la Nación” dictado en el año 1961 por la Casa Militar de la Presidencia de la Nación. Y obtuve uno de los 100 únicos ejemplares que se editaron (tal como consta en la resolución aprobatoria) y que hice llegar al Presidente Electo.
El mencionado reglamento, establece con claridad la intención que se tuvo al confeccionar dicho Reglamento: “Completar el Reglamento Nacional de Ceremonial, estableciendo las normas que regirán la actividad de la Dirección de Ceremonial de la Presidencia de la Nación, de acuerdo con las atribuciones y responsabilidades que fija el Decreto 15803/60” y “Proporcionar a los funcionarios de la Casa Militar en particular y a los de Presidencia de la Nación en general, una guía sobre Protocolo, que les permita la plena colaboración con los funcionarios de Ceremonial”
También se afirma en él que su contenido es de carácter general y será completado con las directivas particulares y especiales que se dicten en la Dirección.

Esto enmarca la Naturaleza jurídica de este Reglamento, que lo convierte en algo mas que un mero instrumento del que se vale la Dirección de Ceremonial de Presidencia. Es un acto de la administración que conlleva su carácter obligatorio y que no puede ser dejado de lado por una mera convención entre un Presidente entrante y otro saliente.
Aunque en apariencia existen algunas excepciones veremos mas adelante que no fueron tales, y que el traspaso no es una simple costumbre y que a pesar de lo que se cree, siempre se ha cumplido.
En el Capitulo III del Reglamento, bajo el titulo Ceremonial de la Transmisión de Mando, el art. 141 establece “En el pórtico de la Casa de Gobierno (explanada de la calle Rivadavia), el señor Presidente será recibido por el Jefe de la Casa Militar, el Director de Ceremonial y un Edecán del Presidente saliente, quienes lo acompañaran hasta el Salón Blanco (estrado que se hallará delante del Busto de la Republica)”. Y continúa el art. 142. “El señor Presidente saliente entregara al señor Presidente electo, frente a la mesa colocada sobre el estrado, las insignias presidenciales, que estarán sobre la misma”.
Por su parte, los dos artículos siguientes regulan el fin del acto protocolar: “El señor Presidente saliente se despedirá del señor Presidente electo y se retirara del Salón Blanco conjuntamente con sus ex Ministros, siendo acompañado hasta el pórtico de la Casa de Gobierno por el Jefe de la casa Militar (entrante) el Director de Ceremonial y un Edecán del Excmo. Señor Presidente de la Nación” (art. 143) e “Inmediatamente después de efectuada la transmisión del Mando, el Excmo. señor Presidente de la Nación designa sus Ministros, quienes prestaran ante el y en presencia del Escribano Mayor de Gobierno, el juramento de ley” (art. 144)

Como vemos, esto despeja cualquier duda acerca de donde debe realizarse en traspaso de Mando y donde deben entregarse el bastón de Mando y la banda presidencial, símbolos que, junto con la Marcha de Ituzaingó, representan los atributos Presidenciales.
Ahora bien, como se ventila en los medios,, se cree que a partir del nombramiento de Eduardo Duhalde como Presidente Interino ha cambiando la “tradición”. Pero en realidad no fue así.
El motivo por el cual el Dr. Duhalde ha asumido en el Congreso de la Nación esta ni mas ni menos que en la Ley 25.716 de Acefalía Presidencial.
Recordemos que el 2 de enero de 2002 Duhalde fue elegido por la Asamblea Legislativa en medio del caos que reinaba en el país.
Duhalde fue investido por los diputados y senadores con mandato hasta el 10 de diciembre de 2003, esto es, hasta agotar el ejercicio cuatrienal para el que había sido elegido De la Rúa.
En dicho acto se le entregaron la banda presidencial y el bastón de mando de manos de la asamblea Legislativa quien le hizo entrega de los atributos presidenciales que poseía en calidad de custodio hasta que se elija un Presidente por el pueblo.
El art. 6 de la Ley 20.972 establece: El funcionario que ha de ejercer el Poder Ejecutivo en los casos del artículo 1° de esta ley actuará con el título que le confiere el cargo que ocupa, con el agregado “en ejercicio del Poder Ejecutivo”. Para el caso del artículo 4° el funcionario designado para ejercer la Presidencia de la Nación o el Presidente y Vicepresidente electos deberán prestar el juramento que prescribe el artículo 93 de la Constitución Nacional ante el Congreso y en su ausencia, ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Podemos observar que Duhalde recibió de manos de la Asamblea y en el Congreso los atributos Presidenciales debido a que el al no ser Presidente electo no podía recibirlo de otro Presidente, ya que en ese momento había una situación de acefalía. Además, él no era un Presidente electo por el pueblo, sino por el Congreso, y de él debía recibir los atributos.
Posteriormente en 2003 luego de las Elecciones Nacionales donde Néstor Kirchner es elegido como Presidente mediante un proceso electoral democrático, recibe del Presidente Interino Eduardo Duhalde los atributos en el Congreso. Esto es perfectamente consistente ya que había sido allí donde a él le fueron entregados de manera precaria y como simple detentatario interino. En definitiva, no fue éste tampoco un acto discrecional no por mera tradición sino que es lo que correspondía, ya que él no fue elegido por el pueblo, sino por la asamblea Legislativa
Cuando es el turno de la señora Presidenta Cristina Fernández de Kirchner se produce una particularidad en el traspaso ya que el Presidente saliente y el electo era un matrimonio. En este caso, elementales reglas de ceremonial y cortesía disponen el Presidente electo debería estar presente en la ceremonia de su cónyuge. Es solo este el motivo por el cual el traspaso se realiza en el Congreso. Néstor Kirchner debía asistir a la jura como Presidente de su cónyuge, en lugar de esperar en la Casa de Gobierno a que llegase para hacerle entrega de los atributos presidenciales.
Por último, cuando la actual Presidente es reelecta no tiene la necesidad de recibir los atributos de nadie ya que ella ya es a la vez Presidente entrante y saliente por lo cual los atributos ya están en su poder. En rigor, el único acto fuera del protocolo es que su hija le coloca la banda presidencial y ella misma toma el bastón de mando colocado frente a ella.
Este brevísimo recorrido deja en evidencia dos circunstancia. En primer lugar que la remanida cuestión de la entrega de los atributos no constituye una simple “tradición” sino una obligación que tiene características normativas y, para ende, obligatorias. Y, en segundo lugar, que hasta la fecha como muchos dicen, se respetó rigurosamente el Protocolo pese a los escollos con los que se encontró el personal de Ceremonial estos años.

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