¿DOLO EVENTUAL O CULPA CONSCIENTE?

PlumaProblemática del Dolo Eventual
Carlos Hernán Hamlet Peluso

INTRODUCCION

La dogmática penal atraviesa una controversia de larga data en referencia a la definición del dolo. Existen diversas teorías que excluyen al elemento volitivo al momento de imputar una conducta como dolosa. Estas teorías, afirman que hay dolo cuando el autor conoce o se representa como posibles o probables los resultados de su obrar. Las discusiones en orden a esta temática se vinculan de manera directa con la inclusión o no del dolo eventual como una categoría normativa vigente.
A raíz de ello, surgen algunos interrogantes que propondré responder a través del desarrollo sintético de algunas teorías que explican el por qué de su inclusión como carácter normativo, las críticas que le son realizadas y una conclusión al trabajo.
¿Es entonces, la voluntad, parte integrante en la configuración del dolo?
¿Se violan garantías constitucionales si se pretende prescindir de este elemento como parte del dolo?
¿Dolo eventual o culpa consciente?
¿Resultan equiparables aquel que obra con conocimiento y voluntad respecto de aquél otro que se representó como probable o posible un resultado?
Pese a la actualidad de estos interrogantes, los mismos, no resultan nuevos, en tanto, en nuestro país la dogmática no ha logrado establecer un criterio uniforme a la hora de definir dolo.
Así para Soler, las definiciones del dolo aceptadas “no responden más al pensamiento estricto de la teoría de la voluntad, y tampoco se ciñen a la pura tesis de la representación”, sino que la descripción de ese elemento debe ser “comprensiva de todas las posibilidades”, y cita como ejemplo la definición propuesta por Beiling, según la cual, “Dolo es el vicio de la voluntad que se funda: a) en que el autor se ha representado (a lo menos como posible) las circunstancias de hecho típicamente relevantes y la antijuricidad de su conducta, y b) a lo menos ha consentido (si no ha querido o se ha propuesto) esa cualidad de la conducta”… de esa doctrina derivan nociones tan transparentes como la del Código polaco, art. 14.1: “Existe infracción intencional no solamente cuando el autor quiere cometerla, sino cuando prevé la posibilidad del efecto delictivo o del carácter delictivo de la acción, y consiente en realizarla”. Soler siguiendo esa orientación, expresa que formuló en el P. de 1960 la siguiente definición: “obra con dolo el que quiso de modo directo el hecho ilícito y también aquél que asintió a su producción eventual por no desistir de su acción”, art. 19”.
… “si para constituir dolo bastara sólo el aspecto intelectual de la comprensión del acto realizado, el reproche de culpabilidad se fundaría con toda injusticia en la inteligencia del individuo, a pesar de que no es ésta la facultad del hombre cuyo ejercicio implica un querer o un no querer. La pena no es una retribución del acto inteligente del hombre, sino del acto voluntario, el cual supone inteligencia”
…“obra con dolo quien en el momento de la acción se representa un resultado criminoso como cierto, probable o posible, que quiere o acepta, pues su producción no le detiene en su obrar”

TEORIAS DE LA VOLUNTAD
Estas teorías comienzan a desarrollarse en Alemania durante el Siglo XIX, a partir de las críticas de Feuerbach a la teoría del dolus indirectus. Dicha teoría sostenía la noción de dolo referido al conocimiento del autor, y no, a su voluntad.
Pero ya antes de Feuerbach, desde mediados del siglo XVIII, es posible detectar en Alemania, una suerte de movimiento pendular, la formulación de una serie de teorías acerca de la delimitación entre dolus y culpa que, sea acentuado el elemento de la voluntad, sea acentuado el de la representación, limitan al máximo el ámbito del dolo, circunscribiéndose por lo general únicamente a los casos de intención directa de cometer el hecho o, a lo sumo, también a aquellos en los que el autor prevé como seguras ciertas consecuencias de su acción.
Desde esta óptica el dolo se compone de conocimiento y voluntad, es decir, no hay dolo sin conocimiento y voluntad realizadora del tipo. El aspecto cognitivo resulta ser el conocimiento actual de los elementos que conforman el tipo. Mientras, el volitivo, radica en la voluntad de realizar la conducta y en su caso de causar el resultado típico.
Que la conducta implique una adecuación total a las exigencias de la norma que se trate, es decir, que se haya comprobado el tipo objetivo todavía no implica, en forma total, la tipicidad. No solo debe darse la oposición objetiva a la norma imperativa, sino que, además, para la imputación del delito doloso de comisión, el sujeto debe haber tenido conocimiento y voluntad de realizar el tipo objetivo descripto. A ese conocimiento y a esa voluntad la llamamos “dolo”.
A partir de la forma en que, ese conocimiento y esa voluntad se expresen, pueden distinguirse tres clases de dolo:
En el dolo directo el autor dirige el comportamiento a producir el resultado y toda su planificación se orienta a ese objetivo. Se trata del caso menos problemático. El dolo directo recibe una influencia notable del elemento volitivo. El sujeto activo persigue un resultado o lo prevé como cierto. La diferencia que algunos autores remarcan entre intención y dolo directo, no tendría que ostentar consecuencias disímiles en el sistema de la teoría del delito.
En el dolo de consecuencias necesarias, el sujeto dirige su voluntad a la producción de un resultado determinado, pero asume con certeza total que en ese trayecto, y como consecuencia inevitable de la búsqueda del primer objetivo se producirá un resultado también lesivo, pero no querido, o no deseado. El hecho de que en estos casos el autor posee certeza en cuanto a la producción del resultado coloca a esta forma de dolo en un escenario muy cercano al del dolo directo.
En el dolo eventual, el autor asume como posible que se produzca un resultado no buscado originariamente, pero que es tomado como posible, y frente a esa posibilidad el sujeto activo expresa una marcada indiferencia en cuanto a cualquier aseguramiento o corrección del plan. Es decir, el autor no destina especiales esfuerzos en la evitación del suceso, asintiendo su producción no buscada o aprobando el plus lesivo en relación con el plan originario que no lo incorporaba. Ha sido siempre muy difícil de ofrecer criterios estables y útiles para demarcar la frontera entre el dolo eventual y la imprudencia consciente o negligencia. Sólo se podría afirmar que en la culpa consciente, el resultado, aunque con un yerro en sus cálculos, es rechazado por el autor.

EL DOLO EVENTUAL
La teoría del dolus indirectus, que fuera expuesta por Benedickt Carpzov en 1.635, ya expresaba: “La voluntad de cometer un homicidio se presenta en dos modalidades: directa e indirecta. La primera la tiene aquel que ataca a alguien con intención de matarlo; la segunda, quien inflige una herida de la que de modo inmediato se sigue la muerte. Ambas modalidades de voluntad se refieren al hecho del homicidio, y por ello, cuando la muerte se ha seguido de un modo inmediato, merecen la pena para él prevista.”
Sin embargo, en la mitad del siglo pasado, se produjo en Alemania una fuerte discusión acerca de la idoneidad del elemento volitivo para operar como límite entre el dolo y la imprudencia, a partir de la resolución, por parte del Tribunal Supremo Federal (BGH) de ese país, del “Caso de la correa de cuero” (“Lederriemenfall”, BGHSt, 7-363-1995). Debido a la caracterización que en esa sentencia se formuló acerca de dicho elemento, como un “aprobar en sentido jurídico” para el supuesto de dolo eventual, un sector de la doctrina llegó a considerar que la exigencia del elemento voluntario, además del cognitivo, devenía en un requisito superfluo, innecesario y manipulable.
Estas teorías que excluyen del dolo al elemento volitivo son, a menudo, criticadas debido a que en ciertos casos resulta imposible o demasiado complejo encontrar una frontera que delimite entre culpa consciente y dolo eventual. A raíz de ello, se formularon diversas teorías tendientes a determinar el concepto de dolo eventual, entre las cuales se hallan:
a) La teoría de la representación o de la posibilidad: Esta teoría entiende que la mera representación de la posibilidad de producción del resultado basta para la afirmación del dolo, porque esa representación debería haber hecho desistir al sujeto de seguir actuando.
“…hoy vuelve a hallar partidarios en su versión radical de que la mera representación de la posibilidad de producción del resultado sin ningún elemento volitivo fundamenta ya el dolo eventual”… “Habrá que estar de acuerdo con esta concepción si realmente fuera cierto que el sujeto ya incluye en sus cálculos la producción del resultado y se decide en contra del bien jurídico protegido siempre que percibe la posibilidad de la realización de un tipo y a pesar de ello sigue actuando. Pero esto no es así. Quien, pese a que se le hace una advertencia, adelanta de forma arriesgada o tira un cigarrillo encendido, se percata perfectamente de la posibilidad de la lesión de un bien jurídico, pero confía no obstante en su no producción. La situación de que alguien tenga claramente a la vista una posibilidad, pero (aunque sea por confianza debido a negligencia o ligereza) no cuente seriamente con su realización, es psicológicamente muy frecuente. Sucede en tal caso que “el sujeto echa a un lado la idea de las posibles consecuencias de su hecho y elude una decisión con toma de postura, mediante la suposición, la mayoría de las veces no racionalmente fundamentable, de que todo saldrá bien.” Roxin identifica estos casos descriptos como de culpa consciente.
“La imprudencia consciente es dolo eventual, no hay ninguna posibilidad de diferenciar, entre ambas formas de ilícito, en el nivel del ilícito, es decir, sin el recurso a los elementos motivacionales”
b) La teoría de la probabilidad: De acuerdo con esta postura, existe dolo eventual cuando el sujeto actúa representándose el resultado como de muy probable producción, es decir, con una eventualidad próxima y cierta. En cambio, habrá imprudencia consciente si el autor se representa el resultado con un grado de posibilidad más lejano o remoto…
c) La teoría del consentimiento: Para la configuración del dolo eventual no alcanza con la mera representación de la posibilidad o probabilidad del resultado, sino que es preciso además su “aprobación” por parte del autor.
d) Las teorías mixtas o eclécticas. En la actualidad se han desarrollado teorías de orientación ecléctica, las que toman parcialmente criterios de las teorías de representación y consentimiento.
Roxin afirma que “un resultado ha de considerarse dolosamente producido cuando y porque se corresponde con el plan del sujeto en una valoración objetiva” . Así, “quien incluye en sus cálculos la realización de un tipo reconocida por él como posible, sin que la misma le disuada de su plan, se ha decidido conscientemente – aunque solo sea para el caso eventual y a menudo en contra de sus propias esperanzas de evitarlo – en contra del bien jurídico protegido por el correspondiente tipo. Esta decisión por la posible lesión de bienes jurídicos es la que diferencia al dolo eventual en su contenido de desvalor de la imprudencia consciente y que justifica su más severa punición”
A partir de ello, según el autor, actúa con dolo eventual el sujeto que representándose la posibilidad del resultado sigue actuando, y se “resigna” – de buena o mala gana – a la eventual realización del delito, quien advierte la posibilidad del resultado, pero “no lo toma en serio” y en consecuencia tampoco se resigna a ella, sino negligentemente confía en su no producción”.
La tesis de Roxin sostiene que para considerar al dolo eventual como una forma de imputación dolosa, es preciso hallar un concepto de dolo que permita explicar coherentemente todas sus formas. La solución más adecuada para este autor sería la de considerar al dolo como “decisión voluntaria en contra del bien jurídico”.
Para Jakobs hay “dolo eventual cuando en el momento de la acción el autor juzga que la realización del tipo no es improbable como consecuencia de su acción” ; respecto del límite inferior de la probabilidad dice que se determina “mediante la relevancia del riesgo percibido para la decisión; el riesgo debe ser tan importante como para que conduzca, dado un motivo dominante – ¡supuesto! – de evitar la realización del tipo, a la evitación real”.
La teoría del riesgo habitual formulada por Jakobs parte desde un concepto de dolo en donde el elemento volitivo no es necesario. Para esta concepción el dolo eventual se configura cuando el autor tuvo por posible la realización del tipo.
El mundo de las personas “es un mundo de titulares de derechos, que de modo recíproco tienen el deber de respetar los derechos del otro, y en el ámbito de los delitos contra las personas es esta relación jurídica la que vulnera el autor. La destrucción de cuerpos o cosas sólo es delito en cuanto vulneración de una relación jurídica – de lo contrario sería un mero suceso natural.
La averiguación y la fijación de lo que significa un determinado comportamiento desde el punto de vista social, constituye el objeto de la teoría de la imputación objetiva.
“Socialmente no cabe esperar más que el cumplimiento de estándares, de que quien cumple con el estándar no puede ser sometido a responsabilidad… Ahora bien, el recurso de estándares pone de relieve que, de este modo, se abandona el mundo físico o individual para entrar en el mundo social o de la comunicación. Es en éste en el que surge el significado que ha de tener un determinado comportamiento”.
“Las garantías normativas establecidas por el derecho no tienen el contenido de que todos intenten evitar todos los daños posibles…, sino que adscriben a determinadas personas, que ocupan determinadas posiciones en el contexto de interacción.., determinados cometidos, es decir, aseguran standards personales, roles que deben ser cumplidos, y de este modo hacen posible una orientación con base en patrones generales”.
La teoría del riesgo, de Frisch, considera que el objeto del dolo no son los elementos del tipo objetivo (por ejemplo, no lo es el resultado porque es posterior a él) sino la conducta típica, esto es, la acción generadora del riesgo.
En el dolo eventual las consecuencias de la acción no perseguidas intencionalmente por el autor son, al menos posibles. Sin embargo, posibles son múltiples consecuencias de una acción y, por lo tanto, la teoría y la jurisprudencia han tratado de delimitar los casos en los se debe apreciar el dolo. Los criterios que se proponen, como se vio, tienden en la actualidad a dejar de lado las exigencias que imponía la teoría de la voluntad. Por lo tanto, el autor habrá obrado con dolo eventual cuando haya sabido que las consecuencias accesorias posibles de su acción no son improbables. A partir de la concepción del dolo eventual como conocimiento de que el resultado no es improbable, sólo cabe admitir como culpa la inconsciente, es decir aquella en la que el autor no tuvo ese conocimiento. Como se ha visto, la distinción entre dolo y culpa no se debe buscar en la antinomia “voluntario/involuntario”, sino en el par de conceptos “conocimiento/desconocimiento”.
Marcelo Sancinetti, por su parte, argumenta en base al principio de acto o exteriorización establecido en la primera parte del art. 19 de la Constitución Nacional: “Las teorías de la voluntad también han sido criticadas desde el punto de vista valorativo, o político criminal. Pues ellas ponen muy de relieve que la decisión acerca de si el autor obró con dolo, o sin él, dependerá en el caso concreto de un juicio sobre la personalidad, sobre sus sentimientos – en fin, sobre su ánimo-“… “no puede resolverse mediante la búsqueda de un elemento voluntario (consentimiento o motivación)…, entonces, la cuestión tiene que ser resulta por la vía del elemento intelectivo, o cognitivo”.
Allí donde uno identifique un peligro concreto a partir del cual la acción esté prohibida, habrá dolo ya por el solo hecho de la representación y, a la inversa, si el riesgo está por debajo de eso, no habrá dolo aunque el autor desee realmente que se produzca el resultado. Por ello, la única causa de exclusión del dolo es el error. De este modo, la solución consiste en restringir al dolo, no por la vía del descarte de ciertas representaciones, sino por la imputación objetiva; lo cual supone que “La norma del delito imprudente, por lo mismo que alcanza también a la peligrosidad remota, no se refiere exactamente a la misma acción que aquella en la que hubiera una representación de peligro próximo (mejor: no remoto)”. Así, la acción dolosa y la imprudente, como tales, son distintas y están prohibidas por normas diferentes, que subyacen a tipos penales de contenidos no coincidentes … podría ser suficientemente inadecuado socialmente respecto del tipo culposo, sin llegar a serlo también respecto del tipo doloso. La tarea le queda deparada entonces a la interpretación particular de los tipos penales correspondientes. Es la imputación objetiva la que nos debe decir si eso está alcanzado por la norma.
CRÍTICAS
1- Principios de Legalidad y Exteriorización:
Estas teorías excluyentes de la voluntad proponen un concepto unitario donde puedan corresponderse todas las especies de dolo. La voluntad resulta ser un elemento motivacional del autor, en tal sentido, la distinción entre el dolo y la imprudencia deberá ser establecida de acuerdo a la medida del riesgo no permitido.
En nuestro país, la legislación no establece una definición de dolo, por lo que atribuirle validez a estas teorías podría importar dejar en manos del juzgador o interprete la facultad de establecer el marco de elevación o contemplación del riesgo jurídicamente permitido en virtud de sus motivaciones.
Por ello, también, resulta muy difícil pensar desde los principios constitucionales de legalidad y exteriorización, que la determinación del riesgo elevado esté dada por la interpretación desde “el punto de vista social” de la norma. Ello, en todo caso, configura un indicio de índole procesal y no un factor determinante en el sistema del hecho punible.
El principio de exteriorización es una consecuencia derivada del constitucional de reserva. Esta garantía señala que solo podrán tipificarse manifestaciones de voluntad exteriorizadas, dejando a salvo los pensamientos, actitudes y emociones.
“… la conocida afirmación de que la cuestión del concepto de dolo eventual y su delimitación con la imprudencia constituye uno de los problemas más difíciles y discutidos del derecho penal, sino también porque lo cierto es que los tribunales, en la resolución de casos concretos, no se manejan con el concepto de dolo que declaman. Si resuelven como resuelven es porque, implícitamente, aplican un concepto de dolo sobre el cual nunca han dado cuenta, y ello puede ser (y suele ser) fuente de arbitrariedades…”
“Como se desprende de la reseña de los diferentes criterios citados previamente, la distinción entre culpa con representación y dolo eventual es una de las cuestiones más complejas de la teoría del delito. Y también la de resultado más incierto, porque la imprecisión nunca se disipa y porque cada vez que haya que resolver un caso “limite”, los jueces “echan mano” del criterio que más se acomoda a la decisión que intuitivamente quieren adoptar para ese caso en particular. De este modo, la teoría escogida no es más que una parodia de fundamentación que encubre un mero acto voluntario”.
2- Principio de Legalidad y Proporcionalidad:
En ciertos casos, donde, la frontera entre dolo eventual y culpa consciente es de difícil delimitación, podría dar lugar al encuadre de supuestos de dolo eventual como dolo directo. Por ello, la aplicación del dolo eventual en nuestro sistema, traería aparejado el quebrantamiento del principio de proporcionalidad.
“En efecto, las manifestaciones requeridas por el principio de proporcionalidad sobre la teoría del delito merecen un análisis particular, ya que, posiblemente, se trate de una de las dimensiones constitucionales que mayor impacto podrían tener en el sistema del hecho punible y que, normalmente, es absolutamente desoída en el funcionamiento metodológico dogmático-penal”.
Desde el prisma del principio de proporcionalidad tampoco es fácil entender las razones por las cuales “el dolo eventual” vale más que la “culpa consciente”
El principio de legalidad se halla también vulnerado, pues la asimilación de la noción de dolo eventual puede terminar con el concepto de culpa o imprudencia consciente, como consecuencia, de la tipificación dolosa a un tipo culposo.
En este sentido, la pena no puede ni debe desconectarse del efecto de empeoramiento del contexto de riesgo de los bienes administrados por el derecho penal si quiere mantener la pretensión de ser algo más que violencia estatal irracional.
Entre las críticas formuladas al dolo eventual, se encuentran aquellas que consideran que el dolo eventual no existe. Expresan que dicho concepto no es una categoría de dolo, sino que resulta ser una culpa gravísima en la que debieran aplicarse condiciones más severas de punición.
Estas tesis, al omitir toda referencia al elemento volitivo, no pueden evitar convertir en dolo un amplio campo de la culpa con representación.
Si bien esto no se quiere reconocer, el dolo eventual no es dolo. El dolo eventual no existe. Es una culpa muy grave que se trata como si fuera dolo. Es una culpa que se parece al dolo; una culpa que no debe ser tratada como tal sino que merece la pena del delito doloso.
En este trasfondo de criterios que pretenden hallar una noción de dolo eventual que se ubique como categoría intermedia entre el dolo directo y culpa con representación, y pone de manifiesto una clara violación de la prohibición de analogía, al menos en las legislaciones que no permite incluir con precisión, dentro de la definición de dolo, aquello que se concibe como dolo eventual.
3- Principio de Legalidad y de Culpabilidad
La noción de objetivar la figura del dolo trae aparejada consigo la posible lesión del principio de culpabilidad. Este principio, se desprende del principio de legalidad de conformidad con la función de las normas del derecho penal. La función de las normas penales, sean prohibitivas o de mandato, es ser comunicativas.
En definitiva, el principio de culpabilidad impone como necesario, para predicar de alguien que se ha comportado en forma antinormativa, que el sujeto haya podido conocer y comprender la norma, que se haya podido motivar por ella y haya sido libre a la hora de decidirse por la infracción, pudiendo elegir entre cumplir la norma o violarla.
El dolo eventual parece construirse a través de la exclusión de dos circunstancias: la de la voluntad como elemento del dolo y la de la culpa o imprudencia consciente. La voluntad realizadora del tipo no se tiene en cuenta a la hora de definir al dolo. Se convierte en dolo una categoría de culpa excediendo el marco del principio de culpabilidad. Este principio derivado del principio de legalidad, supone que el ordenamiento legal tiene como fin que el sujeto realice o no determinadas conductas, no legisla normas para el castigo.
Cuando se asimilan dolo y culpa con una misma noción (el tipo de culpa que se denomina dolo eventual y el dolo directo e indirecto), se pasa por alto el diferente reproche y se lesiona el principio de culpabilidad.
El principio de racionalidad también se ve lesionado. La equiparación de los -consecuentes del hecho culposo con el doloso genera una desproporción axiológica inadmisible en materia de asignación de consecuencias punitivas. Se trata de una violación del criterio de la razonabilidad en la selección de los antecedentes porque, aunque resulte más grave que la culpa, la subjetividad propia del dolo eventual es menos grave que la subjetividad del dolo directo.

CONCLUSIÓN:
A modo de conclusión puede decirse que las teorías que abrazan la noción de dolo eventual no logran suplir concretamente ese espacio que existe entre la culpa y el dolo.
A través de las críticas que le son realizadas desde la óptica de las garantías constitucionales puede entenderse que esta figura jurídica no se corresponde del todo con el principio de legalidad. A partir de estas premisas cabe responderse a cada uno de los interrogantes formulados en la introducción.
En cuanto a la figura conceptual del dolo, cabe expresar que su caracterización exclusiva mediante el conocimiento, trae aparejado consigo la imposición al sujeto de un mandato difuso de interpretación, con lo cual se limita su garantía enmarcada en el principio de legalidad. La figura del dolo implica “un querer realizar” en un tipo doloso de comisión y un “no querer realizar” en el tipo de omisión dolosa. La conducta dolosa es conocimiento y voluntad realizadora de la conducta típica. Por tanto una categoría jurídicamente mutilada no puede llamarse dolo.
El elemento volitivo debe formar parte del concepto de dolo. La voluntad realizadora del tipo penal es una acción que constituye un obrar en los delitos de comisión dolosa y un omitir en los delitos de omisión. Estas características tienen relación con el principio de legalidad. La exclusión del elemento volitivo implica una violación de este principio.
Desde el punto de vista del principio constitucional de necesaria responsabilidad penal subjetiva, las únicas formas de habilitación de la pena estatal son la actuación dolosa (con conocimiento y voluntad final de realizar la tipicidad representada como segura o como prácticamente segura) y la culposa (con conocimiento de la posible lesividad típica, pero con realización normalmente no intencional, aunque, siempre, descuidada)
Las teorías del dolo eventual no logran establecer con precisión esa frontera que dista con la culpa consciente. Los principios constitucionales de legalidad, reserva y exteriorización, establecen ciertas reglas que no se condicen con la figura del dolo eventual. Por ello, no pueden coexistir en nuestro ordenamiento las dos figuras. El dolo eventual no existe.
El tratamiento de quien obra con el llamado “dolo eventual” con la escala prevista para los tipos dolosos importa (además de un quebrantamiento a la legalidad) un trato desigualitario respecto al brindado a los autores de la misma conducta realizada con culpa o imprudencia.
El principio de proporcionalidad según Mir Puig deriva del Estado democrático, por tanto la pena aplicada debe tener vinculación con el hecho cometido. En base a este principio no puede ser equiparable una conducta culposa a la categoría de dolosa.
En resguardo de las garantías constitucionales y entendiendo al derecho penal como el derecho de los límites al poder estatal, debe hablarse de culpa consciente y no de dolo eventual.

BIBLIOGRAFIA UTILIZADA
Bacigalupo, Enrique – Derecho Penal, Parte General – 2º Edición – Hammurabi – José Luis Depalma Editor- Buenos Aires 1999

Donna, Edgardo Alberto “Derecho Penal, Parte General, Tomo II, Teoría General del Delito-I”, -Rubinzal Culzoni Editores – Buenos Aires -Primera Edición marzo 2008 – Reimpresión junio 2010 –

Magariños, Mario “El límite entre el dolo y la imprudencia”, pp. 17/18, Editorial Ad Hoc, Buenos Aires, 1º Edición: mayo 2.010.

Pérez Barberá, Gabriel “El dolo eventual. Hacia el abandono de la idea del dolo como estado mental”, Hammurabi José Depalma Editor – Primera Edición, Buenos Aires , 2.011.

Rusconi, Maximiliano, “Derecho Penal. Parte General”, Segunda Edición, Editorial Ad-Hoc, Buenos Aires, 2.009.

Rusconi, Maximiliano – Kierszenbaum, Mariano; Teoría del delito y garantías constitucionales; Ad-Hoc; Buenos Aires; Primera Edición; 2.009

Silvestroni, Mariano H., “Teoría Constitucional del delito”, 2º Edición actualizada, 2.007. Ediciones del Puerto SRL, Buenos Aires

Zaffaroni, Eugenio Raúl – Alagia, Alejandro – Slokar, Alejandro; “Derecho Penal. Parte General”; Segunda Edición; Ediar; Buenos Aires; Argentina; 2.005

Artículos relacionados

Comentarios

Deja tu mensaje