El Derecho y la Antropología: Un acercamiento necesario en la búsqueda de sentidos

1.Palabras previas

Impulsa el presente trabajo la búsqueda de sentidos y el acercamiento disciplinar, que creemos, es necesario entre el Derecho y la Antropología. Éste paper es el producto de las lecturas, análisis y diversas búsquedas efectuadas con la intención de explorar y nutrir de una nueva mirada al mundo al cual pertenecemos y en el que trabajamos: el campo jurídico.

Somos conscientes que uno de los principales obstáculos epistemológicos, radica en la idea infundada que los abogados y juristas todo lo saben y todo lo comprenden. Lo cierto es que estamos convencidos que de poco vale –atento a los tiempos que corren- gran parte del conocimiento dogmático con el que nos hemos formado. Es por ello que es necesario poder repensarnos desde una mirada crítica para evitar permanecer como repetidores de un discurso muchas veces escasamente reflexionado, otras veces excluyente, y otras veces parcial. Poder viajar más allá de las fronteras propias del campus, y establecer contacto con la antropología y otras disciplinas.

El presente trabajo, expresa desde un breve acercamiento y análisis exploratorio y descriptivo, ese espíritu totalizador y ecuménico que ha de tener nuestro objeto de estudio.

2. Sobre el positivismo teórico y la necesidad de renovación

Es difícil hablar de la antropología sin pensar en las líneas teóricas que hemos venido trabajando, en el camino recorrido y en los desafíos aún pendientes. Desde hace ya un tiempo, advertimos la necesidad de ampliar los horizontes del análisis del campo jurídico, y como muchos críticos señalan, la imperante concurrencia al trabajo interdisciplinario y al dialogo necesario y franco que debe entablar  nuestra área de estudio con otras disciplinas como son la sociología, la antropología, y demás ciencias sociales. Es en este sentido que hace tiempo ya, nos embarcamos en la búsqueda de puentes capaces de resignificar los paradigmas y líneas de pensamiento que dominan al derecho desde hace años.

Nadie puede dudar que el positivismo ha sido el gran dominante ideológico de las últimas décadas del ámbito jurídico, y si bien es cierto que esta corriente de pensamiento ha hecho muchos aportes en la búsqueda de sentidos, somos contestes en sostener que hoy asistimos a lo que muchos filósofos y juristas denominan «crisis positivista» debido al redescubrimiento de diversas categorías del derecho. No obstante ello, somos escépticos en creer fervientemente que estamos en la etapa final de dicha corriente de pensamiento, porque la crisis no termina de ser tal en tanto y en cuanto somos los mismos operadores jurídicos quienes en nuestra configuración de pensamiento, prácticas y aprendizajes, seguimos reproduciendo los mismos esquemas que queremos desterrar. Hecha esta salvedad, es dable afirmar que el positivismo ha dado señales de incapacidad para dar respuestas significativas a los problemas que enfrenta la sociedad. El quid no radica, a nuestro entender, en desdeñar todo lo realizado hasta aquí ni menospreciar el invaluable trabajo que un sinfín de juristas ha elaborado porque sería de por si una impertinencia y deshonestidad que lejos está de nuestras intenciones, sino que de lo que se trata es de introducir en ese espacio ocupado nuevas categorías teóricas que nos permitan otras formas de entendimiento y otros matices que en definitiva permita dar soluciones a los viejos problemas y a los nuevos también. De lo que se trata es de poner al hombre en el centro de la escena del campo jurídico, esa es la mayor ambición [CIPRIANO: 2015].

En “Teorías Postpositivistas” se señala que la utilización de criterios de demarcación extremos como la limitación a la aplicación de la ley, ha traído un sinfín de problemas y ha dado lugar a la necesidad de los integrantes de esta Escuela a efectuar ciertas concesiones en términos de especificaciones para evitar ciertas aporías [CARCOVA: 2007]. Concebimos, que lo que principalmente está en crisis es una visión del derecho y esa unidad así reconstruida, con las repercusiones que implica.     Y estos elementos nos llevan a preguntarnos, como lo hace Ost, si no es necesario pensar el derecho como una circulación incesante de sentido mas que como un discurso de verdad. Es en la teoría del derecho múltiple en la que hay que fijarse, superando las antinomias. Es decir, una teoría del derecho como circulación de sentido en la que hay que centrarse, un campo donde aparecen múltiples actores y poderes con roles diversificados, que nos permitirán ver el derecho no solo como una norma, sino como discurso, es decir, como proceso social de producción de sentido [OST, 2007: 114].

3. Adentrándonos en la Antropología

Retomando la idea inicial, es dable enfocarnos nuevamente en el tópico que nos compete: la antropología. Dicha palabra proviene del griego que significa anthropos, ‘hombre’, y logos, ‘conocimiento’, es la ciencia que estudia al ser humano de una forma integral. En el caso de la antropología del derecho integra la antropología socio-cultural y estudia la relación del hombre con el derecho, el derecho comparado, el derecho como campo de luchas, el derecho y la ideología, las sociedades modernas y las tradicionales y su relación con el derecho.

Como señalan Kuppe y Potz, «la antropología del derecho obliga, al reiterado cruce de fronteras, no solamente en el sentido de una ciencia jurídica comparativa, sino también en la búsqueda de una visión humanística y cultural del derecho. Las fases del desarrollo de la antropología del derecho reflejan en forma significativa los cambios en los intereses que han guiado esos cruces de fronteras; en otras palabras, ellos ponen en claro aquellos intereses que perfilaron la dirección de tales cruces» [KUPPE y POTZ, 1995].

En la sociedad actual conviven diferentes tipos de capital, espacios, gustos, poderes, grupos. En las relaciones de poder y supremacía es donde se fijan las líneas donde el hombre será definido, dirigido y determinado. Pensamos, percibimos, actuamos desde cierta perspectiva que hemos adquirido en el proceso de hacernos humanos y que nos constituye como tales de modo prerreflexivo, es decir, sin saber que se trata de una perspectiva [GRIMSON y otros, 2011]. Cada persona constituye el habitus dependiendo de la posición en donde se encuentra, pero también en estrecha vinculación con el medio social en que habita y su grupo de pertenencia. Establecer reglas generales con el fin de igualar a todos, implicaría echar por la borda todas las diferencias que vuelven a cada comunidad individual y específica, es una decisión que indudablemente tiene un contenido ideológico, autoritario y de poder sobre el otro. Eso es lo que se ha ido construyendo a lo largo de nuestra historia y que es preciso observar para deconstruir al hombre creado, para alcanzar el hombre esencial que efectivamente es el que debiera haber estado siempre. No es que quienes somos necesariamente sea incorrecto, sino que es preciso que seamos conscientes que muchas de nuestras decisiones, gustos, elecciones, historias y conceptos son constructos de un proceso de formación de un modelo de hombre.

La igualdad es un típico logro del pensamiento occidental, la premisa que todos los hombres son iguales no significa otra cosa que desconocer la existencia de diversidad, diferencias y particularidades de cada individuo. Nadie puede negar el rol preponderante que este precepto ha tenido en el desarrollo del mundo moderno, sobre todo en materia de derechos civiles, políticos, culturales, para aquellas comunidades que eran rechazadas. Sin embargo, ese rechazo también –o siempre- implica una decisión del poder en vigencia, del pensamiento dominante que es camaleónico y/hasta esquizofrénico, que rechaza y acepta, que excluye e incluye y gracias que así lo es, porque también esos cambios son motores de transformación. Pero la cuestión está en determinar hasta qué punto la igualdad pretendida no pende de un hilo, pues entendida de forma categórica y aritmética nos lleva necesariamente a la dificultad de convivir y pensarnos de la misma forma a todos. El individuo se vuelve una masa permeable y normalizable capaz de ser encasillada en parámetros necesarios para el capitalismo y el mercado, y la cultura de estos hemisferios que lejos es de ser netamente nuestra sino que se remonta al occidente europeo y norteamericano. Es por ello que en este mundo donde todo se reduce a lo más mínimo, a lo fácil y a lo concreto, se hace esencial entablar relaciones con un campo como la antropología que nos permita efectuar un recorrido por la totalidad de la narración y no solamente la parte que hemos reproducido. Existe una diversidad de culturas, modos de relaciones, idiosincrasias, géneros, sentires, razonamientos, lenguas, prácticas, creencias, sexualidades, y todas integran en cierto sentido “el otro”, y ese simple hecho amerita su estudio no desde una perspectiva excluyente sino inclusiva y reflexiva.

 

4. Las cuatro principales etapas de la antropología jurídica

 En el desarrollo histórico de la antropología jurídica surgieron diferentes etapas y escuelas que han sido distintivas de los diversos periodos que han ido forjando esta disciplina hasta la actualidad. A continuación se dará una breve mención de cada una de ellas: 

1) Evolucionismo. Esta corriente trata de incluir material procedente de pueblos primitivos en una ciencia jurídica general, persigue la búsqueda de escalas evolutivas en la escala histórica del derecho para explicar instituciones jurídicas a partir de contextos socio-culturales. Sus principales exponentes han sido: (1) MAINE quien analizó cómo funcionaba el procedimiento mediante el cual se arreglaban conflictos e imponían multas. Para el autor el hombre vivió bajo despotismo patriarcal y; (2) POST quien aun cuando habla del instinto para resolver controversias, rechaza la idea jurídica innata en el ser humano. Entiende que los contenidos de la ley jurídica son algo que aprende el hombre desde la tradición.

2) Anti-evolucionismo. Esta escuela critíca que los evolucionistas despreciaron las instituciones de pueblos primitivos considerándolas bárbaras al haber visto al mundo del siglo XIX como punto culmine de la evolución civilizadora. Sus principales exponentes pertenecían a la antropología británica, estadounidense, austriaca de orientación no-evolucionista, siendo sus representantes: BOAS, FRANZ, MALINOWSKI y SCHMIDT, entre otros.

3) Antropología del Siglo XX. Presenta una nueva visión de los «pueblos primitivos» y de sus sistemas jurídicos. Sus principales exponentes han sido (1) HOEBEL quien postula un complejo sistema que funciona como control social de sociedades humanas impregnado de efecto de selección cultural y valores culturales; (2) autores de la corriente de ANTROPOLOGÍA APLICADA BRITÁNICA y del (3) POSITIVISMO JURÍDICO.

4) Antropología actual. Esta corriente se centra en los estudios culturales occidentales y no occidentales. Su principal campo de análisis es la narrativa desde la jurisprudencia.

5. La pertenencia del Derecho a las Ciencias Sociales

Dentro de las existentes disciplinas, el Derecho debe ser una de las pocas donde el dogmatismo se encuentra tan presente.  A su vez, también constituye un campus donde la identidad del mismo se ha forjado ante un complejo absoluto de autoestima, donde aparentó ser una ciencia ajena a otras, con su método y sus reglas.

Acerca de la repetida cuestión de si el Derecho constituye o no una ciencia no nos explayaremos, sin embargo, diremos que no puede concebirse una disciplina de éste tipo y de forma moderna si no asume su necesaria vinculación intrínseca con las ciencias sociales –recuperando su campo de pertenencia- porque el Derecho es en sí una ciencia social además de ser jurídica. Dicha afirmación categórica, se sustenta en el hecho insoslayable que el jurista analiza la realidad social y los acontecimientos desde una mirada que sobrepasa lo estrictamente normativo, puesto que las leyes tienen ese límite de alcance. Es más, las leyes son concebidas – o debieran serlo- desde una mirada social, desde una lectura de las necesidades coyunturales y de la realidad social, su protección y alcances.

El juez por ejemplo, lejos está en poder resolver cuestiones de su labor y competencia simplemente con la norma, en aquellas instancias es precisa una lectura social, un análisis de casos puntuales para poder llegar a la administración pura de justicia y no sintetizar la misma en un mero acto administrativo.  El intercambio con otras nuevas herramientas es la que hace eso posible, superar fronteras, y nutrirse de las ciencias sociales da una amplitud al campo del Derecho.

Señalan Balkin y Levinson “(…) los abogados en el pasado rechazaron el trabajo de otras disciplinas porque creyeron que ellos mismos podían hacer todo. Por otro lado los académicos jurídicos hoy adoptan otras disciplinas, pero su trabajo interdisciplinario puede resultar superficial porque, una vez más, creen que pueden ponerse al tanto con comparativamente poco esfuerzo[BALKIN y LEVINSON, 2008].  Queda soslayado aquí –en opinión de los autores-  un obstáculo evidente, consistente en que el Derecho tiende a contaminar todas las disciplinas con las que se roza, forzando categorías teóricas para su favor, de modo que se logra una interdisciplina enmascarada en función de lo que en definitiva termina siendo útil para reforzar posturas que no son más ni menos que lo mismo: el campo jurídico, con sus técnicas y dogmas intactos.

Una determinación del objeto de estudio precisa una redefinición de lo que ese objeto ha de ser -el Derecho entendido como argumentación, por ejemplo-, y la posibilidad de diálogo abierto con la sociología, la psicología, la teoría literaria, la antropología; es lo que facilitará una nueva cultura jurídica. Por su parte, no es menor la incorporación de nuevas categorías teóricas como lo es la “alteridad” o la “otredad” para poder comprender nuestra mirada sobre el otro, y efectuar un análisis honesto acerca de aquello que estamos procurando delimitar.

Seguimos sosteniendo, como lo hicimos en anteriores publicaciones, que el actual periodo de transición nos obliga a revisar los alcances y límites de los marcos teóricos, sus categorías y asignación de sentido cada vez con mayor razón [CIPRIANO, y otros, 2011].

6. El homo-juridicus

El hombre se ha determinado a lo largo de la historia a través de diversos comportamientos, acuerdos y pautas culturales y sociales. Sin la existencia de ellos, estaríamos probablemente matándonos los unos a los otros, o conviviendo en total anarquía, o en alguna otra condición que no es la que actualmente conocemos. Occidente ha logrado encontrar ese orden en la racionalidad propia del sentido que se construye de forma compartida con otros hombres, convirtiendo a cada uno de sus individuos en homo juridicus que es una manera ideal de unificación del ser evitando reducirlo a su estado biológico y mental, garantizando la personalidad jurídica de todo hombre y en todo lugar, evitando la cosificación de la persona.

El análisis de los sucesos y del desenvolvimiento del homo juridicus deben ser cruzados con las categorías propias del derecho pero también y esencialmente con las aportadas por la antropología.  Así es que entramos en contacto con la otredad (la condición de ser otro) y la alteridad (considerado desde la posición del “uno”, es decir, del yo) que permiten ver el mundo desde otra perspectiva. Sin embargo, también existen diversas categorías que nos aporta al análisis la ciencia antropológica tales como el etnocentrismo, el etnocentrismo categorial o el etnocentrismo de interlocución y otros criterios como el cronocentrismo, anacronismo, alocronismo, naciocentrismo, etc. cuyo análisis excede el presente trabajo, pero hallamos en ellas un área necesaria de exploración [SUPIOT: 2007].

7. Palabras finales

Como pudimos apreciar en este breve recorrido, la antropología es una ciencia que por su capacidad de redefinir y repensar historias, estructuras, construcciones, es una herramienta de inmenso valor para el Derecho del Siglo XXI, que debe erigirse como una disciplina capaz de comprender y acompañar el desarrollo y cambios del hombre moderno, ubicándolo al mismo en el centro de los acontecimientos.

El diálogo de las ciencias en busca de sentidos nos permitirá, probablemente, avanzar hacia un derecho más ligado al humanismo -entendido tal desde ideas como la importancia del hombre, su inteligencia, el pacifismo, el optimismo frente al pesimismo, el reconocimiento de los valores humanos etc- que es necesario para encontrarnos con la condición humana que hoy pareciera haber fenecido ante ciertos “valores modernos” que han desnaturalizado la auténtica raíz del hombre.

 

Bibliografía.

___  CÁRCOVA CARLOS MARIA (2007), Las Teorías Jurídicas Post Positivistas; Buenos Aires; Abeledo Perrot; 2°Edicion; 2009.

___ BALKIN JACK M. Y LEVINSON SANFORD. “El derecho y las humanidades: una relación incomoda”, Revista Jurídica de la Universidad de Palermo. Año 9, Número 1. Julio 2008.

___ CIPRIANO LAURA, «Los Derechos Culturales: un análisis crítico», Tesis Doctoral presentada en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Mar del Plata; Año 2015.

 ___ CIPRIANO LAURA, BESSONE NANCY MICAELA, ALMEJÚN JUAN MARTIN. «La realidad subteorizada: aportes para la reflexión en filosofía del derecho», publicado en “Avances de Investigación en Ciencias Jurídicas y Sociales: XV Jornadas de Investigadores y Becarios en Ciencias Jurídicas y Sociales dirigido por Luis Pablo Slavin. 1°Ed. Mar del Plata, 2011. Pág. 241-252.

___ GRIMSON ALEJANDRO, MARENSON SILVINA Y NOEL GABRIEL (2011) Antropología ahora: debates sobre alteridad. Buenos Aires. Ed. Siglo XXI. Capítulo 1: “Descentramientos Teóricos. Introducción” Pág. 9.

___ KUPPE, RENÉ Y POTZ RICHARD. «La antropología del derecho: perspectivas de su pasado, presente y futuro» INSTITUTO DE INVESTIGACIONES JURÍDICAS. SERIE L. CUADERNOS DEL INSTITUTO, Núm. 3, Antropología jurídica, 1995. Universidad Nacional Autónoma de México.

___ OST, FRANCOIS. «Júpiter, Hércules, Hermes: tres modelos de juez», Academia. Revista sobre enseñanza del Derecho año 4, número 8, 2007, ISSN 1667-4154, pág 114.

___ SUPIOT, ALAIN, «Homo juridicus. Ensayo sobre la función antropológica del derecho», Bs. As., Siglo Veintiuno, 2007.

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